¡Muévete con inteligencia, pero muévete!
No hace falta que te conviertas en corredor de maratón. Los ejercicios más efectivos son sencillos: sentadillas, zancadas, flexiones ligeras, subir escaleras o incluso caminar a paso ligero. La clave es moverse a diario, aunque sea por diez minutos. Yoga suave, pilates, ciclismo o natación también son buenos aliados
¡Come músculo!
La proteína es el principal combustible para los músculos. Intenta consumir de 1,2 a 1,5 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día. Algunas opciones incluyen huevos, salmón, lentejas, yogur natural e incluso un poco de queso.
En cuanto a las vitaminas, prioriza la vitamina D, el calcio y los ácidos grasos omega-3 (pescado azul, almendras, aceite de lino), además de mantener un consumo adecuado de agua.
¿Y si lo solucionáramos?
Limita los alimentos ultraprocesados, el azúcar blanco, las grasas saturadas y el exceso de alcohol, ya que todos ellos causan fatiga innecesaria.
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